“El llamado del Papa es a trabajar por la justicia y la paz, sin importar la religión”

Sorpresa. Así se podría resumir el sentir de muchos católicos en América Latina con el nombramiento del cardenal argentino Jorge Bergoglio como nuevo Papa. Una sorpresa que pronto generó euforia y esperanza en un continente donde vive el 60% de los católicos del mundo, y donde buena parte de su población es pobre. De hecho, el reconocido teólogo brasileño Leonardo Boff ha destacado para el semanario alemán Der Spiegel : “Francisco tiene en mente una iglesia fuera de los palacios y de los símbolos del poder. Normalmente los papas, y Ratzinger principalmente, ponían sobre los hombros la muceta, esa capita corta bordada en oro que sólo los emperadores podían usar. El papa Francisco llegó sólo vestido de blanco”.
 
La revista LAZOS, entendiendo la importancia que tiene este evento para el mundo católico y no católico del continente, entrevistó al S.J. Jorge Humberto Peláez, rector de la Universidad Javeriana Cali. “Europa es un continente viejo, agotado. América Latina es juventud, vitalidad, horizontes nuevos”, ha reflexionado Peláez, preguntado sobre la importancia del nombramiento de Bergoglio como nuevo Sumo Pontífice del catolicismo.
 
¿Qué significado tiene para el Continente el nombramiento de un Papa latinoamericano?
Estamos gratamente sorprendidos de que los cardenales hayan dirigido sus ojos a América Latina. Aquí está la mayoría del catolicismo. Europa es un continente viejo, agotado en muchos aspectos. Con una demografía muy baja. Esperar una renovación en Europa, no. Esa mirada de la iglesia hacia América Latina es un deseo de inyectarle juventud, vitalidad, horizontes nuevos. Es fantástico.
 
¿Por qué América Latina y no África, por ejemplo?
Evidentemente en África y Asia hay un renacer de la iglesia. Todavía la iglesia espera una mayor consolidación del cristianismo en África. Es una iglesia muy joven, en proceso de consolidación. Las comunidades africanas aún tienen las huellas del colonialismo. Las luchas tribales dejan muchas heridas en las comunidades. Creo que la iglesia en África es enormemente prometedora, pero aún está en un proceso de consolidación y maduración. América Latina, en cambio, lleva 500 años. Es una comunidad religiosa muy consolidada, que ha desarrollado un universo de símbolos valiosos.
 
Hay un avance grande del laicismo. ¿El Papa Francisco es una respuesta, una manera de explorar nuevos caminos?
El laicismo es arrasador en el mundo contemporáneo. Una cultura que solamente piensa en el dinero, en pasarla chévere. Rumba, éxito. Unas relaciones afectivas CDT, a término. Matrimonios a 90 días, relaciones tremendamente frágiles. Al mismo tiempo que se ve eso, hay una profunda búsqueda espiritual y de sentido. Lo ve uno en el auge de espiritualidades orientales: el yoga, el zen, el interés por el budismo. Es una búsqueda honesta e interesante en una sociedad contemporánea que lo tiene todo y que en el fondo no tiene nada. De ahí que se diga que el mundo de hoy es profundamente espiritual, pero rechaza esquemas religiosos por rechazo a las estructuras. Son términos un poco extraños. Búsqueda de Dios pero rechazo a las estructuras religiosas, a la institucionalidad. Las nuevas generaciones son poco institucionales. Las estructuras jerárquicas generan rechazo. La sociedad busca una inspiración en los líderes religiosos, y ahí podemos hablar de todas las religiones. Por eso causa tan destructor impacto el que representantes de esas diversas religiones tengan comportamientos que no están a su altura. Escandaliza profundamente que un sacerdote católico o que un pastor protestante, rabino judío tengan comportamientos que no están a la altura del liderazgo espiritual que sus comunidades esperan. La sociedad en general, y la religiosa en particular, exigen transparencia y honestidad.
 
¿Y eso representa Francisco?
Sí. Francisco es de una sola pieza. Por su testimonio de vida, es una persona muy cercana a la gente, muy cercana a los clamores de la comunidad. Mis amigos que han estado muy cerca de él han hablado estupendamente bien. Y también la gente sencilla que ha trabajado con él.
 
Ha hablado, incluso, de una Iglesia de los pobres para los pobres ¿Qué quiere decir eso en una iglesia tan poderosa como la católica?
Lo que pide el Papa es tener presente el origen de la iglesia. Jesucristo era el hijo de un carpintero y una campesina. Su equipo de trabajo, los doce apóstoles, unos pescadores. Cuando Jesús El Mesías, ingresa a Jerusalén para asumir su reto, no lo hace al frente de una cabalgata de caballos súper espectaculares, sino en un burrito. O sea, todos los protagonistas de salvación son los pobres, los marginados, los enfermos de lepra, las mujeres de la calle.

Dirigirse al hotel, donde estaba hospedado antes del cónclave, en un bus…
Todos esos detalles. Una iglesia más simple. Recordemos que en el Siglo IV, Constantino, el emperador romano, se convirtió al cristianismo. Y eso tuvo ventaja  y desventaja. ¿Significativo? Que la iglesia pudo anunciar el Evangelio con plena libertad, dejó de ser perseguida, pero Costantino le dio también a la iglesia propiedades y protagonismo político. Eso implicó problemas serios: la vinculación de la iglesia con el poder político. Ahora, uno entiende que el trabajo evangelizador de la iglesia requiere recursos, nada se hace gratis. Por ejemplo, instituciones católicas como esta universidad, pues necesita recursos para poder ofrecer una educación de excelencia. Lo importante es que podamos ofrecer eso sin ser elitistas. Es importante que podamos dar acceso, no a los ricos, sino a las personas mejores. Eso requiere de becas, de políticas. La invitación del Papa, como Francisco de Asís, cercano a los pobres, tan desprendido de todo, es que volvamos a la simplicidad a la sencillez. Nos recuerda que el proyecto del Señor son los pobres.

 
¿Tendrá implicaciones o cambios para los jesuitas esta elección?
Los jesuitas hemos tenido un compromiso con los pobres muy fuerte. Por eso hemos tenido conflictos con las sociedades en el mundo entero. No es que nos vamos a sentir tranquilos y decir: ya hicimos lo que teníamos que hacer. Hay una opción muy clara: el trabajo por la fe. La divulgación del Evangelio es inseparable del trabajo por la justicia. Creo que estos mensajes del Papa, a través de los testimonios de vida, de sus gestos y sus palabras, no para obtener taquilla, es para decirnos: ¡Ojo! De pronto estábamos montados en el bus que no era.
 
¿Esto implicará grandes cambios?
En muchas cosas sí. Es un estilo más sencillo, mucho más simple. Está pidiendo que el trabajo pastoral de la iglesia sea más cercano a las comunidades.
 
Cambios, por ejemplo, frente al matrimonio gay, la planificación familiar…
Hay unos elementos en la vida de la iglesia que no dependen de los rating de sintonía. Después de una encuesta no puedes decir: tocó cambiar los diez mandamientos porque de pronto no es simpático ni popular.  Los mandamientos son valores éticos, valores morales, que no dependen de la aceptación de los grupos de presión. No hay que esperar modificaciones doctrinales. En ese sentido la iglesia tiene que ser fiel a una tradición, a una doctrina. Lo que sí es de esperar es que, siendo fiel a las tradiciones y valores del Evangelio, el Papa tenga una gran apertura para detectar los cambios culturales del mundo contemporáneo.
 
¿Como cuáles?
Las culturas juveniles, por ejemplo. En el mundo de los jóvenes hay infinitas culturas. Lo vemos en nuestras calles, en nuestras ciudades. Como se visten los jóvenes, la música que escuchan, la forma como hablan. A esos jóvenes, en su enorme diversidad, hay que llevarles un mensaje de amor, de esperanza, de superación. De que la vida tiene sentido. Creo que ajustes a la doctrina, no. No es ese el sentido, pero si una enorme sensibilidad para comunicarse, para sintonizar con todos esos clamores y sufrimientos. Pensemos, por ejemplo, en el embarazo de las adolescentes. La invitación de la iglesia es: trabajemos más en educación, más con los adultos, con los educadores. Vayamos al problema de fondo. El tema no es simplemente tener una legislación más o menos permisiva. Esa puede ser una preocupación del Estado, y la entiendo. La preocupación de la labor evangelizadora y educadora de la iglesia es ir a las raíces: sembrar valores, educar, responsabilizar. Cambios doctrinales, no. Si son las expectativas sobre Francisco, por ahí no se va a mover el tema, porque no se debe mover, pero sí una gran necesidad de conectar.
 
Es sustituir la educación religiosa por la sexual
La iglesia está de acuerdo con la educación sexual. Hace muchos años salió una Ley sobre educación sexual que apoyamos. Claro que tiene que haber. Ahora, la educación sexual que promueve la iglesia no se reduce simplemente a información de control de natalidad. La nuestra es una educación en los valores. Es la sexualidad como expresión del amor. Es una visión de la sexualidad integral, en el contexto del amor, de la ternura, del respeto. Esa es la apuesta. No se trata de reducir la educación sexual a repartir condones y pastillas.
 

El Papa ha hablado del diálogo ecuménico, del respeto a las otras religiones
Importantísimo. Creo que el llamado es a un trabajo conjunto entre mujeres y hombres de buena voluntad que comparten las causas de la justicia, la fraternidad, la paz. Ahí nos encontramos millones de seres humanos, independientemente de la religión. Dicen las crónicas que han aparecido, de la magnífica relación del Papa Francisco, siendo cardenal, con la comunidad judía de Buenos Aires. Recordemos que en Buenos Aires existe el colectivo Judío más importante del mundo después de Nueva York.

 
¿Hay posibilidad de que venga a Colombia?
Nuestro cardenal Rubén Salazar, en el momento del saludo, le expresó el deseo del pueblo colombiano de tenerlo entre nosotros. Tiene agendada la visita a Brasil al Congreso Mundial de la Juventud. Seguramente le pondrá algunas etapas a ese viaje. Esperamos que nos visite.
 
*Entrevista publicada en la Revista Lazos Ed. 122 (Mayo-Junio 2013)