Raúl Cuero, el hombre que busca crear vida en Marte

A propósito de un nuevo reconocimiento que recibe el científico vallecaucano, Raúl Cuero, en los Estados Unidos como Científico Hispano 2013, publicamos la entrevista completa que la Redacción de la Revista Lazos realizó en febrero de 2013 y que pueden leer también en la edición 121 de Lazos.
 
No hay tema vedado para el científico bonaverense Raúl Cuero Renjifo (64): desde ciencia y educación, pasando por proyectos de desarrollo social y económico hasta música. “Soy un intelectual”, le pone el acento a la i. El inventor valluno, se prepara para intervenir en la Cumbre Mundial del Milenio a celebrarse este verano en Ginebra (Suiza). Es la primera vez –según él- que una persona del tercer mundo participa como orador central. Lo han nominado por su novedosa propuesta de los Parques de la Creatividad, cuyos únicos objetivos son: inventar, patentar y crear compañías que apoyen al desarrollo de los países.
 
La estrechez económica de su familia –su padre fue un estibador que no sabía leer ni escribir- no fue impedimento para que este ilustre porteño alcanzara las metas que se trazó de chico: “Soy un admirador de mi padre”, afirma. “Debió aplanar, a punta de pico y pala, una  loma  para construir la casa en que vivíamos, proceso que realizó durante 40 años”.
 
Sus inventos parecen de ciencia ficción: van desde una proteína que evitará el cáncer de piel y protegerá a los astronautas de los rayos ultravioleta en sus viajes espaciales como a las plantas del calentamiento global, hasta un material similar -en un 80%- al  suelo de Marte, útil para la descontaminación nuclear, entre otros tantos.
 
Defensor de la idea de que es  mejor ser útil que importante –esencia del espíritu africano, afirma- su capacidad inventiva, luego de ser Selección Colombia de baloncesto durante una década, lo llevó a recibir una beca de la  Universidad de Heidelberg (EE.UU.), para continuar sus estudios de Biología. En “Entre el triunfo y la supervivencia”, uno de sus libros, Cuero narra todas las peripecias de su vida y su paso por las más prestigiosas universidades de Inglaterra y EE.UU., hasta llegar a trabajar en varios proyectos para la NASA. “Lo importante no es que yo tenga un título sino para qué sirve eso”.
 
Contrario de lo que muchos creerían, Cuero es un defensor de la educación colombiana. “Es una de las mejores del mundo”, afirma. “Su problema radica en que debe ser más práctica. Los colombianos somos muy perfeccionistas y fatalistas (ríe). Hay que eliminar esas dos cosas de nuestra educación y cultura”.
 
Sobre por qué otras regiones del mundo y del país, distinta de la suya, ya cuentan con Parques de la Creatividad, Cuero señaló que el primero de ellos lo creó en Buenaventura pero no se continuó por falta de apoyo económico. “Hay que abrir Parques en Cali y Buenaventura. Seguramente me falta tocar más puertas”, sostiene.
 
Con la facilidad que saltaba para encestar con sus 1,95 metros, lo hace para hablar de turismo ecológico, música y gastronomía. Qué efectos, se pregunta, pueden tener entre las comunidades negras, y en general del país, eventos como el Petronio Álvarez -que se celebra cada año en Cali- o las muestras gastronómicas del Pacífico colombiano que, a raíz de éste, se han hecho más visibles si no hay una cultura de la creatividad. “Ninguno”, responde. El Petronio –agrega- le rinde homenaje a un cultor (uno solo) de la música del Pacífico. “Conocí a Petronio. Era maquinista del Ferrocarril. Era un elemento bastante folclórico en la Cali de los 60, pues había pocos negros allí. Pero Buenaventura también produjo otros talentosos como el Maestro (Teófilo Roberto) Potes, rediseñador de la marimba. “Poco se habla de Potes”, afirma. “Era autodidacta: políglota, además de matemático y escritor de música. Vestía de blanco e iba descalzo”.
 
“No es que el Festival Petronio Álvarez carezca de importancia. Pero no significará nada si no se sistematiza para que trascienda. De lo contrario seguirá siendo como hasta hoy: una aglomeración de gente atraída por la estridencia”. Sistematizarlo quiere decir –según Cuero- poner las cosas en orden con un objetivo muy claro. “En mi opinión, el Petronio solo es entretenimiento, como cualquier otro festival. La idea, si se quiere algo diferente, es que el Petronio sea el carburante para crear escuelas de música del Pacífico, donde los niños y los jóvenes estudien sus raíces musicales y las confronten con otras, como el jazz, por ejemplo. Hoy el Petronio es solo entretenimiento básico. Como las bullerías de la Vieja España. Nada más. Hay que cambiar la tendencia. Ser más creativos es lo que falta”. Y agrega: “Deberían tomar ventaja de esos talentosos musicólogos del Pacífico, como Guajalo y Candelario. Enseñar música sistemática, de competencia mundial y no solamente local, para que los muchachos salgan formados en su música, pero también en las de otras culturas”.
 
En su concepto, los problemas del Valle son los del Puerto. “El Valle fue el primer flujo de economía en Colombia, pero en los 80 se desconectó de la corriente central del país”, afirma. “El Valle tiene que aprovechar toda su diversidad cultural, de pensamiento, reconectarse. Usted puede tener diversidad étnica (física) y promulgar igualdad, pero el pensamiento no puede ser igual. Debe ser diverso”, para que haya creatividad.
 
De ahí que diga, volviendo al comienzo, que Buenaventura requiere de un cambio de paradigma. Cree que el Puerto urge de un Parque Industrial, donde la gente pueda trabajar: fábricas de embalaje y empaquetadoras, además de procesadoras y enlatadoras de alimentos. “Una industria sistemática de muebles, industria no artesanías, para exportar, hechos por gente de ahí, y proyectos sistemáticos como el Parque de la Creatividad. La empresa privada debería invertir en proyectos en los que la gente se sienta útil”.
 
De hecho, Cuero no se siente importante sino útil. Su proyecto de la proteína para combatir el cáncer de piel lo desarrolló con la Universidad de Prairie View A&M de Texas y la NASA, la que aspira pueda clonarse con la proteína anti ultravioleta en las plantas, para que estas resistan el calentamiento global. “Espero que esas plantas se puedan clonar para hacerlas crecer,  producir oxígeno y recrear vida en planetas como Marte”.
 

*Entrevista publicada en la Revista Lazos Ed. 121 (Marzo-Abril 2013)
 
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